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sábado, 18 de julio de 2026

INFECCIONES DE ORINA Y EMBARAZO

 

Infecciones de orina y embarazo

En la gestación se producen muchos cambios en el cuerpo de la mujer. Entre ellos, los que ocurren de manera normal en el sistema urinario de la embarazada favorecen el desarrollo de las infecciones del tracto urinario (ITU). Por ello, hay un mayor riesgo de contraer este tipo de infecciones en el embarazo. Dentro de estos cambios se encuentra:

·      Dilatación de los uréteres (los conductos que comunican los riñones con la vejiga).

·       Presión sobre uréteres y vejiga por el tamaño creciente del útero.

·       Menor tono muscular en los uréteres.

·       Mayor reflujo de vejiga a uréteres.

·       Aumento del volumen en la vejiga.

·       Mayor pH de la orina (se hace menos ácida) y mayor contenido de azúcares.

Las infecciones del tracto urinario (ITU) suponen un cultivo de orina con una bacteriuria de más de 100.000 unidades formadoras de colonias (UFC) por mililitro. De modo general, los microorganismos que causan estas ITU durante el embarazo son los mismos que en la mujer no gestante.

 


Tipos de infección de orina en el embarazo y síntomas

Se pueden distinguir tres tipos de infección de orina, en función de los síntomas que presenta la embarazada o de la ausencia de ellos. Se trata de la bacteriuria asintomática, la cistitis y la pielonefritis aguda.

Bacteriuria asintomática

La bacteriuria asintomática es la forma más frecuente de ITU, se produce en un 2-11% de los embarazos. Como su propio nombre indica, se caracteriza por la ausencia de síntomas, pese a que sí hay bacterias en la orina de la mujer.

Aunque no exista sintomatología, detectar las bacteriurias asintomáticas en el embarazo es importante. La gestación puede llevar a que estas bacteriurias asintomáticas se compliquen, dando lugar a pielonefritis aguda en un 30-35% de las ocasiones.

Por este motivo, cuando a la embarazada se le realiza la analítica del primer trimestre, lo recomendable es que se realice también un cultivo de orina para detectar las bacteriurias asintomáticas.

 


Así, si el resultado es positivo, se pondrá un tratamiento antibiótico a la paciente para disminuir la posibilidad de que ocurra una pielonefritis. De igual modo, se realizará un nuevo cultivo de orina post tratamiento para comprobar que ya es negativo y, periódicamente, se realizarán cultivos de control.

Además, el tratamiento de la bacteriuria asintomática podría reducir la tasa de parto pretérmino y de bajo peso al nacer.

Cistitis

Las cistitis ocurren en, aproximadamente, el 1,5% de las gestaciones y aparecen más frecuentemente en el segundo trimestre de embarazo. Estas ITU son bastante reconocibles porque la mujer nota síntomas como:

·         Dolor o ardor al orinar.

·         Mayor frecuencia de micción.

·         Sensación de necesitar orinar urgentemente.

·         Dolor en la zona superior del pubis.

·         Orina turbia o, incluso, con sangre.

 


En este caso, debe realizarse un cultivo de orina para confirmar el diagnóstico. Sin embargo, el tratamiento antibiótico puede iniciarse antes de tener los resultados, para evitar que la infección se agrave.

Una vez finalizado el tratamiento, se realizará otro cultivo de orina a los 7-15 días para comprobar que es negativo y, de igual modo, también se realizarán urinocultivos de control.

Pielonefritis aguda

Se trata de una infección en la que la vía urinaria alta y el riñón se ven afectados, de manera unilateral (más frecuente en el lado derecho) o bilateral. La pielonefritis aguda ocurre en el 1-2% de los embarazos, más comúnmente en aquellas mujeres que han padecido una bacteriuria asintomática, sobre todo, si no se sometieron a ningún tipo de tratamiento o no fue adecuado.

Su aparición suele ser en el segundo o tercer trimestre de gestación, causando síntomas como los siguientes:

·         Fiebre.

·         Sudoración y escalofríos.

·         Náuseas y vómitos.

·         Dolor en la lumbar intenso y constante.

·         Alteración del estado general de la embarazada.

 


Debido a su mayor gravedad, la pielonefritis aguda suele requerir que la embarazada sea hospitalizada. Así, podrá realizarse una evaluación por parte del obstetra, los análisis y pruebas necesarias y el inicio del tratamiento antibiótico intravenoso cuanto antes.

Posteriormente, el seguimiento incluye un cultivo de orina después de finalizar con el tratamiento antibiótico, así como de manera periódica (habitualmente cada mes).

 

¿La infección de orina durante el embarazo supone un riesgo?

Durante la gestación se producen una serie de cambios en el organismo de la mujer que puede aumentar la probabilidad de infección de orina. El riesgo recae en el hecho de que la infección se extienda al torrente sanguíneo y resulte peligroso para el feto y la madre. Por ello, es común hacer análisis de orina en los controles rutinarios del embarazo.

Los riesgos fetales más destacados son: parto prematuro, retraso del crecimiento fetal, bajo peso al nacer o anemia en el bebé.

¿Se puede prevenir la infección de orina en el embarazo?

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Existen algunos consejos que la mujer puede tener en cuenta para tratar de evitar la infección de orina en el embarazo. Entre ellos se encuentra:

·         Beber suficiente agua, para favorecer la producción de orina y la micción.

·         Acudir al baño siempre que sea necesario, sin aguantar ni retener la orina.

·         Limpiar la zona genital siempre de delante hacia atrás.

·         Usar ropa interior de algodón, más transpirable, para evitar la humedad.

·         Cambiar el bikini o bañador mojado por ropa seca tras el baño en piscina o playa.

·         Miccionar después de las relaciones sexuales.

No obstante, si apareciera infección urinaria en el embarazo, la mujer debe acudir al especialista cuanto antes para que pueda pautar el tratamiento más indicado y así evitar complicaciones para ella y el bebé.

En el caso de recurrencias, el especialista también puede pautar un tratamiento preventivo para prevenir que reaparezcan las infecciones.

 


jueves, 25 de junio de 2026

 

Importancia del hierro durante el embarazo

 

Papel del hierro en el organismo

El hierro es un mineral que forma parte de la hemoglobina, una proteína fundamental en los glóbulos rojos. Su función es transportar el oxígeno de los pulmones al resto del cuerpo. Si la cantidad de hierro en el organismo no es la adecuada, no se fabricará hemoglobina y, por tanto, la cantidad de glóbulos rojos en la sangre será menor. Como consecuencia de ello, los tejidos y los órganos no recibirán la cantidad de oxígeno necesaria.

Otras funciones del hierro en el organismo son las siguientes:

·         Forma parte de la mioglobina, una proteína encargada de aportar oxígeno a los músculos.

·         Participa en la formación de colágeno.

·         Ayuda a incrementar la resistencia a las enfermedades, ya que refuerza el sistema inmune.

·         Interviene en procesos metabólicos y en la producción energética.

·         Contribuye en la formación de hormonas.

 

 

Tanto durante el embarazo como a lo largo del periodo de lactancia es importante que el aporte de hierro a la madre sea el adecuado.

A pesar de todas las funciones del hierro, su déficit es la causa más habitual de anemia. Por ello, llevar una dieta rica en alimentos con hierro disminuirá el riesgo de padecer esta dolencia.

El hierro en el embarazo

La alimentación de la madre durante el embarazo debe ser correcta para que aporte el contenido energético necesario tanto para ella como para el bebé. A lo largo de las semanas de embarazo existe un elevado riesgo de que haya un déficit de hierro, produciéndose anemia debido a que la embarazada requiere más cantidad de este mineral.

Los requerimientos de hierro por parte de la embarazada variarán según el trimestre de gestación. En líneas generales, se aconseja que la ingesta de hierro durante el primer trimestre de embarazo sea de 27 mg al día; mientras que en el segundo y tercer trimestre se aumente el consumo de hierro a 30-60 ng diarios. En cambio, las necesidades de hierro en mujeres que no están embarazadas son menores, en torno a 18 mg al día.

Si los niveles de hierro en la sangre materna no son los adecuados, existe más riesgo de que el bebé nazca prematuramente y de que tenga un bajo peso. Además, las mujeres con anemia por deficiencia de hierro también pueden sufrir un aborto espontáneo.

 



Por ello, es fundamental que la dieta de la embarazada incluya alimentos con elevado contenido en hierro.

Síntomas del hierro bajo en embarazadas

Al aumentar las necesidades de hierro durante el embarazo, si no hay un aporte adecuado del mismo, es posible que la mujer sufra anemia por deficiencia de hierro.

Entre las principales manifestaciones clínicas de un déficit de hierro en mujeres embarazadas se encuentran las siguientes:

·         Debilidad.

·         Mareos.

·         Riesgo de infecciones.

·         Piel pálida.

·         Nerviosismo y ansiedad.

 

Manifestaciones clínicas un bajo nivel de hierro durante el embarazo

 




En los casos más graves, la embarazada podría notar un aumento de la velocidad de los latidos cardíacos, hipotensión o incluso dificultad para mantener la concentración.

Si quieres más información sobre ello, puedes visitar este artículo: ¿Por qué me siento cansada si tengo anemia a lo largo del embarazo?

Hierro en la leche

Durante el periodo de lactancia materna, los bebés reciben la cantidad de hierro necesaria a través de la madre. Sin embargo, cuando el bebé tiene 4-6 meses, se inicia la alimentación con papillas enriquecidas con hierro.

Las necesidades de hierro en los bebés durante el periodo de lactancia varían según su edad. Por ejemplo, los requerimientos de hierro del lactante desde el nacimiento hasta los 4 meses de vida son de unos 0.27 mg al día. En cambio, los bebés de 4-6 meses necesitan un aporte de 0,78 mg diario de hierro, así como de 11 mg al día entre los 6-12 meses.

Los expertos recomiendan a las futuras madres, visitar a su especialista para someterse a controles rutinarios y poder consultarle acerca de de los alimentos ricos en hierro y suplementos vitamínicos, pudiendo asegurar así una leche materna mucho más nutritiva.

En determinadas situaciones, como bebés prematuros o existencia de factores de riesgo de deficiencia de hierro, el especialista puede recetar suplementos de hierro para cumplir las necesidades nutricionales del lactante.

Mejorar los niveles de hierro en la dieta

Como hemos comentado anteriormente, un correcto aporte de hierro a lo largo de los meses de embarazo, así como tras el parto y la lactancia es fundamental. Algunos alimentos recomendados durante la gestación por ser fuente de hierro son los siguientes:

·         Carnes rojas magras.

·         Carnes de ave.

·         Legumbres.

·         Verduras como las espinacas, las acelgas o el brócoli.

·         Pescado azul como, por ejemplo, sardinas.

Alimentos fuente de hierro

 

 

Además, si hay un déficit de hierro, habrá que tener en cuenta también las cantidades de calcio ingeridas puesto que dificulta su absorción. Del mismo modo, también hay que prestar atención a las cantidades de café y té consumidos.

Del mismo modo, la madre deberá continuar con la dieta equilibrada durante la lactancia y seguir con la ingesta de carnes magras, pescado, huevos, vegetales de hoja verde, etc. En caso de ser necesario, también le indicarán la administración de suplementos de hierro.

 

¿Cómo prevenir la anemia por falta de hierro durante el embarazo?

El principal consejo para evitar una posible anemia durante el embarazo es llevar una alimentación sana y equilibrada. Por ello, es importante incluir en la dieta alimentos como verduras, hortalizas, frutas, cereales, pescados, etc.

Además, si se acompañan los alimentos con frutas o verduras con vitamina C se ayudará a una mejor absorción del hierro. En cambio, se debe evitar el consumo de alimentos con grandes cantidades de calcio puesto que va a dificultad la absorción del hierro.

Por último, si tu médico te lo indica, podrás complementar la alimentación con complejos vitamínicos.

¿Los suplementos de hierro durante el embarazo y la lactancia provocan estreñimiento?

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Sí. Todos los suplementos alimenticios pueden causar efectos secundarios. En el caso de tomar suplementos de hierro, la mujer puede presentar:

·         Diarrea.

·         Estreñimiento.

·         Náuseas y vómitos.

·         Calambres en las piernas.

 

martes, 26 de mayo de 2026

TRONCO PROPIOCEPTIVO Y SUELO PÉLVICO

 

El tronco propioceptivo (también conocido como el tronco del Método 5P o método de reeducación propioceptiva perineal) es una herramienta de madera diseñada para activar de forma refleja la musculatura profunda del abdomen, el suelo pélvico y los estabilizadores de la postura mediante el equilibrio dinámico



¿Qué es el método 5P?

Se trata de un método propioceptivo desarrollado por la matrona y sexóloga Chantal Fabre-Clergue, también conocido como el método propioceptivo pelviperineal o método de las 5Ps.

Con esta metodología, a través de un tronco de madera de unas dimensiones determinadas, se trabajan desequilibrios musculares, se reeduca la postura y se mejora tono muscular de la zona perineal. 

Este método se caracteriza por trabajar con los pies descalzos, lo que permite tener una mayor conciencia postural y facilita la activación de las fibras tónicas. Gracias a los ejercicios con el tronco, podemos fortalecer la musculatura abdominal, el diafragma y perineo, mejorando nuestro eje central y la postura en general.

¿Para quién está indicado el tronco propioceptivo?

 

Aunque estos ejercicios son especialmente populares entre mujeres embarazadas y durante el postparto, son adecuados para cualquier persona que quiera mejorar su postura, tanto adultos como niños. 

El tronco propioceptivo  sirve tanto como herramienta preventiva como de tratamiento de diversos problemas relacionados con el suelo pélvico. Está especialmente indicado para las personas que puedan presentar las siguientes dolencias:

        Dolor de espalda

        Hernia discal

        Incontinencia urinaria

        Bajo control de esfínteres

        Alteraciones del tono abdominal y/o perineal

        Dificultad para contraer o percibir los músculos vaginales

        Prolapso vaginal o anal

        Varices genitales

        Hemorroides

        Vaginismo

        Adherencias por cicatrices en la zona perineal o abdominal.

        Diástasis abdominal

        Estreñimiento

        Prostatectomía

        Síndrome miofascial pélvico

        Dolor o alteración de sensaciones en las relaciones sexuales

        Dolores menstruales (dismenorrea)

 

También resulta muy beneficioso como complemento de entrenamientos de alta intensidad como running, crossfit, deportes de raqueta, etc., en el postparto como herramienta de reeducación postural y en el tratamiento de la fascitis plantar.  

¿En qué situaciones está contraindicado?

No debes usar tu tronco propioceptivo si te encuentras en alguna de estas situaciones:

           Contraindicación médica para la realización de ejercicio físico.

           Lesiones activas o crónicas en tobillo y/o rodilla.

           Enfermedades neurológicas o problema real del equilibrio.

           Si has dado a luz hace menos de 6-8 semanas.

           Si tienes cicatrices abdominales y/o perineales recientes.

¿Cuánto tiempo se puede utilizar?

Si se trata de algún tipo de rehabilitación, debes realizar un análisis completo con tu fisioterapeuta antes de empezar con este método.

Si tu objetivo es mejorar tu forma física y la postura en general, cuanto más tiempo lo utilices mayores serán sus beneficios. Puedes empezar con 5 minutos diarios e ir aumentando hasta 20 o incluso más cuando mejore tu condición física.  

¿Qué beneficios tiene el tronco propioceptivo?

Entre los principales beneficios se encuentran:

           Activación de la musculatura de la faja abdominal, lumbar y perineal profunda.

           Tonificación y fortalecimiento del abdomen y suelo pélvico.

           Reprogramación postural.

           Mejora de la percepción corporal. 

           Mejora del equilibrio.

           Desbloquea el diafragma.

           Reequilibra tensiones musculares.

           Mejora las sensaciones en las relaciones sexuales.

 

Rutina de trabajo sobre el tronco

1. Súbete al tronco con las rodillas semiflexionadas

Es recomendable tener algún punto de apoyo cercano, como una mesa o una pared para evitar perder el equilibrio. Es posible que al principio te duela un poco la planta de los pies, si esto te ocurre puedes bajar del tronco, estirarlos un poco y volver a subir. 

 

2. Adquiere una postura correcta

Debes situar el centro del arco de los pies en el troco, flexiona ligeramente las rodillas y pon una posición de la pelvis neutra. Los brazos deben estar relajados, al igual que los hombros. Imagina que alguien te estirase de la coronilla hacia arriba, como si quisieras crecer. 

Una vez en la postura correcta, respira profundamente por la nariz expandiendo la caja torácica y espira por la boca mientras contraes las costillas. A esto se le llama respiración costal. Realiza entre 5 y 10 respiraciones como esta.


 

3. Elevaciones de brazos al frente.

A continuación, eleva los brazos hasta adquirir un ángulo de noventa grados y que queden paralelos al suelo. Coge aire al subir, aguanta unos instantes y bajas los brazos al tiempo que expulsas el aire. 


 

4. Brazos abiertos al frente

Ahora vuelve a subir los brazos y cuando están al frente, ábrelos hacia afuera separándolos. Inspira con respiración costal al tiempo que abres, expulsa el aire cuando los llevas al frente de nuevo. Realiza entre 5 y 10 repeticiones como esta.


 

5. Brazos hacia arriba

Eleva los brazos mientras inspiras y bájalos durante la espiración. En la posición alta, tus dedos deben apuntar al techo. Mantén el abdomen fuerte y el ombligo hacia adentro mientras lo haces. Realiza entre 5 y 10 repeticiones.


 

 

6. Añade resistencia e intensidad

Puedes añadir dificultad a estos tres ejercicios utilizando unas pequeñas mancuernas de 1 Kg, gomas elásticas de distinta resistencia o incluso un Winner Flow para regular la resistencia respiratoria. Con estas técnicas aumentaremos el control del suelo pélvico.

6.1. Separación de brazos abajo

Con los brazos estirados a los lados de los hombros, inspira y contrae el suelo pélvico al mismo tiempo que abres los brazos con la resistencia de la goma. Aguanta un instante y relaja los brazos mientras expulsas el aire por la boca. 

 

6.2. Apertura con brazos en ángulo.

 Ahora hacemos el mismo ejercicio, pero con los brazos al frente. Inspira al mismo tiempo que subes los brazos y contraes el suelo pélvico. Una vez arriba, afloja la resistencia de la goma a la vez que expulsas el aire y relajas el suelo pélvico. 




6.3. Con los brazos arriba 

Se trata del mismo ejercicio, pero con los brazos apuntando al techo. 

 

 

 

 

6.4. Combina las tres posiciones.

El último ejercicio consiste una combinación de los tres anteriores. Inspira profundamente, estira la goma y expulsa lentamente el aire pasando por las tres posiciones:  brazos abajo, al frente (90º), arriba, al frente y abajo.

 


6.5. Sentadillas

Cuando adquieras un nivel un poco más avanzado, puedes realizar sentadillas sobre el tronco. Con los pies paralelos a la anchura de las caderas inspira y después baja flexionando las rodillas mientras expulsas el aire. Debes mantener las lumbares rectas y sacar el glúteo hacia afuera durante todo el ejercicio.  Los brazos pueden ir cruzados al pecho o estirados al frente.

 

 

 

 


 

Para finalizar la rutina, no olvides estirar bien, incluyendo los pies.